10 de noviembre de 2009
Paseo por la suciedad y la historia de las letrinas de la corrupción.
Dicho esto con la mayor seriedad, arremetamos ahora contra la suciedad de por aquí cerca.
En nuestro entorno cultural, podemos afirmar que la Historia de los retretes es larga y azarosa, ya que de algún modo, desde tiempos muy antiguos se tuvo bien clara la necesidad de mantener el problema alejado, aunque tan sólo fuera de nuestras narices.
Supongo que con el advenimiento de lo que conocemos como civilización, estas, las narices, se volvieron más sensibles y bien pronto se pusieron manos a la obra para atajar el problema. Y es aquí donde hablaríamos de obras, de obras públicas –con comisión de por medio o no-, ya que el diseño, construcción y mantenimiento de sistemas de saneamiento integrales, desde el suministro y canalización del agua necesaria, pasando por –debajo de- las letrinas, hasta llegar a las cloacas y alcantarillas, ha de entrar en el campo de interés de la arqueología en pie de igualdad con las murallas, templos y anfiteatros.
Y también en el campo de la economía y de los buenos negocios.
Sin ir más lejos, Roma deja de ser una aldea como otra cualquiera en el momento en que sus reyes de entonces dejan de ser tan sólo meros sacerdotes y jefes militares y se convierten en constructores de puentes, murallas y sobre todo cloacas. La conocida como cloaca máxima fue construida por Tarquinio el Viejo en el s. VI a.C. y puso a la futura metrópoli en situación de ser una ciudad populosa desde la que se pudiera gobernar, comerciar y sobre todo respirar.
Así, no sé si podríamos afirmar que el Imperio se originó en las cloacas, pero sí que las cloacas fueron una condición sine qua non para que un Imperio civilizador como fue el romano puediera llegar a existir. Se habla mucho de los baños romanos, pero se olvidan casi siempre las letrinas.
Yo, que entiendo el acto de…, bueno, Uds. ya me comprenden, como algo muy personal, que sólo puede ser llevado a cabo a solas con uno mismo, me sentí muy impactado cuando supe de la existencia de las letrinas públicas romanas. Incluso una vez pude asomarme a uno de esos recintos en lo mucho que aún queda de las ruinas de la antigua ciudad de Efeso, en la actual Turquía.
Esas letrinas comunitarias eran generalmente de pago y existían en todas las urbes del Imperio. De su limpieza tenían cuidado esclavos y libertos contratados ex profeso. A ellas acudían los ciudadanos a sentarse allí los unos con los otros, como en un salón y durante el propio acto de evacuar aprovechaban para conversar y debatir sobre temas de actualidad, política, e incluso para cerrar algún que otro negocio. No cabe decir que entonces como ahora, de juntar la política con los negocios pueden devenir ciertas corruptelas y qué mejor lugar para camuflar los malos efluvios que desprende la corrupción de la res publica que las ya de por si perfumadas letrinas.
En la Hispania de hoy en día mantenemos la fea costumbre de juntar política con negocios, puede que heredada de nuestros antepasados romanos y de más allá. A Roma debemos mucho de lo mejor y de lo peor de nuestra sociedad, de nuestras leyes y de nuestras costumbres.
Del bien planificado urbanismo romano, y de la historia posterior de las ciudades en Europa (Londres, por ejemplo, fue una trampa mortal para muchos de sus habitantes hasta bien entrado en el S. XIX) podemos deducir que a partir de un cierto umbral de población, una ciudad es inhabitable y hasta peligrosamente insalubre si carece de retretes, de una red de alcantarillas adecuadas y si sus habitantes no observan unas costumbres higiénicas mínimas.
Y así mismo, a partir de un cierto umbral de corrupción una sociedad es inviable, su sistema político insostenible, y el ambiente puede llegar a hacerse irrespirable. El Emperador Vespasiano opinaba que el dinero –que él ganaba en abundancia gracias a los impuestos que cobraba por las letrinas públicas- no olía a nada, yo sin embargo pienso que cierto dinero huele pero que muy mal. ¡Sic olet!
Publicado en Sta. Coloma de Gramanet, en la Provincia Tarraconense de Hispania, desde una biblioteca pública, construida con el dinero de nuestros impuestos que no nos robaron aquellos ladrones.
Para saber más (y mejor):
*TURNER 8P, Examinando lo innombrable, un estudio de la defecación, sobre el libro de Rose George: La mayor necesidad. Un paseo por las cloacas del mundo.
20 de septiembre de 2009
LAS CRÓNICAS DE UN ASUNTO CASI OLVIDADO. Parte 34.
(sigue...)
-¡Déjese ya de lecciones de historia que no necesitamos! –estalló Andrés.
-Tranquilo, todos necesitamos de las lecciones de la Historia, incluso Usted Profesor…
-¡Deje de llamarme “profesor”, ya no soy profesor de nada, creo que en gran parte gracias a Usted!
-Mire, no busque culpables y escúcheme bien –Gamisans volvió a dar un trago, pretendía sin duda continuar su encíclica-. Los problemas no nos los trae nadie, sencillamente vienen, sí. Déjeme que vaya explicando, permítame, por favor continuar.
-El caso es que aquellos fueron unos tiempos que pudieron ser, sí, ciertamente maravillosos –prosiguió-, en que con los nuevos aires, también entraron vientos de renovación en lo que denominamos investigación histórica –Gamisans no podía evitar mostrarse un tanto pedante, pero lo cierto es que iba poco a poco captando el interés de su pequeña audiencia, hubiera sido un magnífico profesor, pensó Andrés-. Materialismo Histórico, Nueva Historia, Historia de la Ideas, Historia del Clima, -enumeró Gamisans como recordando-, todo ello acabó por hacer que muchos, profesores y estudiantes, comenzáramos a poner en duda algunas cosas tal y como habían sido siempre enseñadas y nos íbamos dando cuenta que algunas no resistirían un trabajo de análisis serio y detallado utilizando las nuevas herramientas que ahora la vieja Historia tenía a su disposición.
-Uno de los que a buen seguro planteó dudas a fondo tuvo que ser el Profesor Olagüe, –Gonzalo estaba intrigado y permanecía en pie, atendiendo, cruzado de brazos.
-Sí, y pronto pretendimos seguir su senda algunos otros. Como Ustedes han podido leer en el libro, una de las claves que podría desvelar muchos enigmas sobre el fulminante final del Reino Visigodo y sus consecuencias, gira en torno a la desaparición de las actas del Concilio XVIII de Toledo que tuvo lugar durante el reinado de Witiza. Todas las anteriores han sido conservadas a través de las tribulaciones de lo siglos, excepto precisamente las de este Concilio, en el cuál se sospecha que este rey hubo de dar la espalda al catolicismo, deshaciendo el contubernio con la Iglesia para volver a abrazar, quizás, la religión arriana.
Gamisans tomó aire y bebió una vez más, apurando su vaso. Sin soltarlo caminó hasta situarse al otro lado de la mesa, donde permanecían a pie derecho, plantados, sus improvisados alumnos y apoyándose en ella continuó:
-Hallarlas podría aclarar mucho sobre las interesadas relaciones entre la Iglesia y el Estado, que han perdurado hasta nuestros días y ayudarían a entender si fue por una lucha de ideales o por una invasión, que el Reino de los Visigodos en España fue borrado de un plumazo de la Historia.
-Mitos como el de la invasión árabe, la imposición del Islam por el filo de la espada y la propia Reconquista, columna vertebral de nuestra Historia nacional, se podrían venir abajo –intervino por fin Andrés, pensativo.
-El caso es que unos cuantos ingenuamente montamos un grupo de estudio para abordar el tema, el Grupo 18.-¿Y qué pasó? –Gonzalo estaba emocionado con todo lo que su jefe estaba explicando, nunca lo hubiera pensado de él.
*Si lo deseas, puedes leer por orden de aparición las partes anteriores publicadas de la novela, seleccionando "Las crónicas de un asunto casi olvidado" bajo el epígrafe TEMAS TRATADOS de la barra lateral izquierda.
22 de agosto de 2009
Santa Coloma, barrio del Fondo: la resurrección de Al-Andalus.
Aguamanil, bronce, S.X. Museo del Louvre.
Por unos días he regresado a casa de mi Madre, en Sta. Coloma de Gramanet. Esta mañana, mientras desayunaba, estuve ojeando el tomo nº 10 de La España románica, escrito por Jacques de Fontaine hace ya más de treinta años y dedicado al arte mozárabe, de tan difícil definición y acotación.
En el interesante capitulo dedicado a las artes menores, puede palparse el movimiento de los objetos, las técnicas, y las ideas a través de unas fronteras permeables que iban desde la lejana Persia hasta llegar a la muy medieval Europa del siglo X, recorriendo por tierra y por mar los tres continentes del Viejo Mundo. Y a Poniente, la estación final de todas las rutas era Al-Andalus.
De uso cotidiano o de lujo, telas, arquetas de marfil, aguamaniles de bronce…, hoy se exponen a nuestra vista en museos como el de la Colegiata de San Isidoro de León, o en el mismísimo Louvre. Entraban en los países cristianos a través de las arterias del comercio o la rapiña de la guerra. De lo más curioso es constatar que en el trayecto, trastocado el entorno cultural y religioso, objetos de tocador cordobeses hubiesen sido utilizados como ornatos litúrgicos en alguna iglesia de algún monasterio perdido.
Pues bueno, no es que se encuentre nada mozárabe, ni tan siquiera románico en la populosa ciudad de Santa Coloma de hoy en día, pero a unos diez minutos escasos de mi tardío desayuno he podido trasladarme mil años en el tiempo. He podido caminar por la resurrección de Al-Andalus, en pleno siglo XXI.
Con la misma sensación que pudiera sentir un predicador nestoriano o un comerciante varego en un zoco de la Ruta de la Seda, he merodeado, sintiéndome extranjero en un mundo lleno de colores, objetos, y lenguajes exóticos. En el barrio del Fondo hoy conviven y sobre todo comercian, junto con los españoles meridionales de antaño (de remoto origen califal), chinos de todas las razas del lejano Oriente, todas las etnias del sub-continente indio desde Pakistán a Bangladesh (sin olvidar, por supuesto a nuestros gitanos), gentes de todo el ancho Magreb y de más allá.
En tienduchas totalmente rotuladas en chino pueden encontrarse los últimos modelos de teléfonos móviles o de ordenadores compactos, que se venden en un totum revolutum junto con revistas y comics manga y con quién sabe que otras cosas que pudieran salir de las siempre atestadas trastiendas. La verdad es que llegan a hacerse buenos negocios, pues en una de estas, una vez vencida la timidez inicial para penetrar en tan arcano mundo, pude encontrar una batería para mi viejo móvil imposible de conseguir.
Y hablando de chinos, ahora también se dan procesos de transmutación cultural curiosos, trastocado asimismo, el entorno cultural y religioso, como decíamos más arriba. Y el fenómeno acontece por toda la jurisdicción de los Condes de Barcelona, y ocurre en lugares tan triviales como son los bares. Los bares de toda la vida, donde se sirven las mismas cervezas y los mismos vinos, e incluso las mismas tapas. Donde se juegan las mismas eternas partidas de dominó y de cartas. Con el mismo olor a tabaco y a fritanga rebozada (por cierto no olvidemos la tempura), sin cambiar ni siquiera una silla ni descolgar un cuadro, ahora han sido comprados y son atendidos por ¡chinos!, que los mantienen y los continúan tal cual estaban.
Seguramente han dado por saturado el nicho comercial de los restaurantes de comida china, la mayoría sospechosamente vacíos y van tomando posiciones en este nuevo negocio, según los antiguos propietarios se van jubilando. Y lo bueno es que a los clientes no parece importarles en absoluto, pues son los mismos paisanos, de siempre. ¡Cómo han cambiado la cosas!, en mi niñez el único oriental que podías ver por aquí era mi profesor coreano de taekwon-do.
Llevaba tiempo con la pluma seca, y la verdad es que paseando por ese bazar me ha vuelto a entrar la emoción de escribir.
5 de julio de 2009
LAS CRÓNICAS DE UN ASUNTO CASI OLVIDADO. Parte 33.
(sigue...)
Andrés permanecía de pie, frente a él con los brazos en jarras, mirando fijamente a Gamisans, ofendido y a la espera. La pregunta era obvia, quiso saber primero quién demonios era Pan, en cuyo nombre ya le habían pegado. Estaba indignado. Para poder explicarlo Gamisans tuvo que contarles una historia que se remontaba más de veinte años atrás:
“Pan, como seguramente Ustedes ya saben, es el fauno del pánico. Las viejas leyendas clásicas dicen que infundía un miedo tal a los rebaños y a los propios pastores, un miedo tan atroz e incontrolable, que podía llevarlos a la locura. Muchos evitaban tan siquiera acercarse por las inmediaciones de ciertos bosques de Arcadia porque sabían que allí, en la umbría oscura, no sólo habitaban las fieras salvajes con las que podían enfrentarse y vencer, sino algo mucho peor. Con su sola presencia, un fauno infundía el terror. Y no en vano el cristianismo, sincrético, acabó modelando el retrato que debía tener el mismísimo diablo, con el aspecto de un fauno. Esto tiene mucho que ver con el libro –añadió-, con nuestro libro y con la intransigencia. Porque, ¿saben Ustedes?, el mejor antídoto para mantener a raya la búsqueda de la belleza que mora en la verdad y que es hija de la duda no es otro…”
-Que el miedo –interrumpió Gonzalo.
El anticuario asintió, levantando su vaso, haciendo un brindis al aire en dirección a Gonzalo y se lo acercó a los labios bebiendo un sorbo corto. No lo tragó de inmediato, sino que dejó el licor unos instantes sobre su lengua, permitiendo que los aromas le penetrasen el paladar filtrándose por la nariz hasta lo más recóndito, hasta lo más básico del cerebro, donde también residen los miedos. Quizás para adormecerlos.
-¿Y el Pan de ahora? –preguntó Andrés, ahora impaciente y a punto de perder los nervios con la errática disertación del Anticuario.
Gamisans les ofreció los vasos antes de continuar. Andrés no lo cogió.-El Pan de ahora es un dios Pan de hace veinte años, un diosecillo ególatra y acomplejado. Era el sobrenombre que escogió alguien que por aquel entonces no era más que lo que se denominaba un jefe de batallón de cierto sindicato de estudiantes. En aquella época, y ya saben de que época les hablo, el mundo político y social en España se mostraba un tanto, revuelto. Había gente que intentaba imponer sus pareceres con, digamos, violencia y esto, cómo no, se transmitió a la Universidad. Algunos pensaban que reprimiendo las ideas de los demás, rompiendo las cabezas de quienes las albergaban, podían perpetuar eternamente un estado de cosas que había durado demasiado. Tanto como la larga vida de un dictador que al fin y al cabo murió tranquilamente en su cama con todas las bendiciones.
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14 de junio de 2009
LAS CRÓNICAS DE UN ASUNTO CASI OLVIDADO. Parte 32.
(sigue...)
Gamisans ayudó a incorporarse al dolorido y humillado Andrés, que enmudecido en su tribulación sólo pudo mirar al anticuario como culpabilizándole de todo lo que le estaba sucediendo. Un camarero acudió a interesarse por su estado, ofreciéndoles ayuda. Cuando por fin se fueron, atreviéndose a salir a la calle una vez seguros de que aquellos dos gorilas no les esperaban fuera, decidieron ir a la tienda, donde estaba Gonzalo, no tanto porque fuera un lugar más seguro sino porqué ya no había razón tomar tantas precauciones una vez que ya habían dado con ellos. Andrés no entendía esto muy bien. Pareciera como si Gamisans no temiera a los golpes que pudieran propinarles, sino más bien a las palabras que ya les habían dicho. El recado ya les había sido dado y eso ya no tenía solución. Tan solo faltaba esperar a que Andrés le hiciera la pregunta que sin duda iba a hacerle y qué mejor lugar que la trastienda, para contar una historia que hacía tiempo que el Anticuario estaba deseando explicar a alguien.
Gonzalo vio llegar a la pareja. Por la cara seria que traía su amigo, que se sujetaba un pañuelo rojo de sangre en la barbilla, sabía que había pasado algo y cuando vio que Gamisans bajaba la persiana de la tienda cuando aún faltaban dos horas para cerrar, cosa inédita, comprendió que algo, efectivamente, algo, había ya pasado.
-¡Por fin! –exclamó, poniéndose en pie y acercándose a Andrés haciendo grandes aspavientos-. Bueno, no quiero decir que me alegre, es decir, que ya veía yo venir que esto pasaría, hombre… -intentó aclarar sin demasiado éxito a un ofendido Andrés, traicionado en su excitación porque de una vez por todas empezaba la acción-, ¡Es igual, joder! ¿Pero quién te ha pegado?
Tanto Gamisans como Andrés obviaron contestarle y pasaron todos a la trastienda. Allí había una mesa rectangular de madera oscura mal barnizada, vieja, pero no lo bastante antigua como para merecer figurar en el catálogo de objetos a la venta. En la Galería Gamisans no se vendía nada que no tuviera por lo menos cien años demostrables. El anticuario abrió una alacena y dispuso encima de la mesa una botella mediada de su mejor whiskey irlandés “single malt” y tres vasitos, que colocó cuidadosamente junto a ésta en el centro. Ceremonioso, como si preparara una misa en latín, llenó los vasos, rebajando el licor de un color de miel pálida con un poquito de agua mineral muy fría de una botella que guardaba en una neverita estilo años 50. Se apoyó sobre la mesa, trasfigurada en altar, posando las palmas de sus manos. Miró a Andrés y a Gonzalo y dirigiéndose a ellos dijo:
-Supongo que llegado a este punto, en que ya ha corrido un poco de sangre, Ustedes estarán esperando una explicación. Querrán conocer, más bien entender, en qué están metidos ¿no?
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24 de mayo de 2009
LAS CRÓNICAS DE UN ASUNTO CASI OLVIDADO. Parte 31.
(sigue...)
En ese instante, sin dejar de sonreír, el repeinado de la pareja se levantó para aproximarse a grandes zancadas a la mesa que ocupaban Gamisans y Andrés. Tomó asiento entre los dos mirándoles con desdén. El anticuario pareció ponerse tenso y dejó de juguetear con la cucharilla dentro de la taza para atender al recién llegado. Éste mascaba chicle de manera ostentosa, enseñando unos dientes muy blancos, de apariencia perfecta. Puso sus manazas sobre la mesa, entrelazando los dedos. Era un joven alto, de aspecto atlético y bien parecido. Su mirada, sus gestos, denotaban un carácter violento, a duras penas contenido. Seguramente habían estado siguiendo a Andrés, controlándole hasta llegar a Gamisans. El Anticuario, por su parte, había estado tomando sus precauciones, desapareciendo durante las últimas semanas de los únicos lugares de Barcelona donde podía ser ubicado: su domicilio y la tienda de antigüedades. Pero nadie puede esconderse eternamente de quien desea realmente encontrarle y tiene los medios para hacerlo.
El matón inclinó su torso sobre la mesa aproximando su cara a Gamisans.
-Tengo un mensaje para ti, payaso –dijo a media voz, y añadió-, “El gran Dios Pan, el fauno solitario, ha vuelto”.
Dejó la frase flotando en el aire, cuyo significado sin duda no comprendía, al igual que Andrés que observaba estupefacto la escena. Gamisans en cambio, sí que lo entendió, pero no contestó nada, tan solo hizo una mueca dirigida a sí mismo. El tipo se tiró hacia atrás, satisfecho, apoyando su espalda en el respaldo de la silla como descansando, dominando la situación desde su improvisado trono. Ahora era a Andrés a quien miraba.
El anticuario viendo que el siguiente objetivo podía ser Andrés, al que por su expresión un tanto aterrorizada suponía no acostumbrado a semejantes situaciones, decidió intentar atraer de nuevo sobre sí mismo la atención del mensajero.
-Oiga –le dijo en un tono impertinente-, me tiene que dar Usted la dirección de su odontólogo. ¡Qué bien trabaja! Sin duda le debieron partir a Usted la cara alguna vez rompiéndole todos los dientes. Ciertamente que hizo un buen trabajo, sí.
El rapado, se había puesto ahora de pie en el pasillo, tras Andrés, bloqueando el paso. En ese momento, el otro, con un gesto muy rápido movió su mano bajo la mesa cogiendo de repente a Andrés del paquete, pero mirando con odio rabioso a Gamisans. El Profesor emitió un aullido de dolor, sujetando en un movimiento reflejo la garra que le atenazaba sus partes, aunque sin resultado, viéndose arrastrado hacia el suelo por el agresor hasta caer de rodillas golpeando con su barbilla el borde de la mesa. En ese momento el individuo le soltó y poniéndose en pie masculló la palabra “payaso” clavando sus fieros ojos en Gamisans, con la promesa de que volverían a verse las caras. Salió sin más de la cafetería escoltado por su compañero, que miraba desafiante a la concurrencia con su cara de bulldog.
Nadie se atrevió a moverse.
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